sábado, 15 de marzo de 2008

Cel



“Al fin y a cabo, Ruth se había criado en una tradición católica, y una persona no puede, por más que abjure de las creencias en las que se crió, desembarazarse de la noche a la mañana, de las estructuras de pensamiento que, cómo puntales de obra, sostienen el edificio de su personalidad. Porque quien habitó una vez lo sagrado, dentro de lo sagrado vive ya para siempre.

Porque quien habitó una vez lo sagrado descubre el arte como lugar de lo sagrado. Y confirma que, si existe una vida que trasciende a la visible, sólo puede intuirse desde la abstracción y la reducción (…..) Ni dios ni diosa, simplemente la conciencia de saberse parte de un sistema, engranaje de un inmenso mecanismo que no se crea ni se destruye, sino que vive en permanente transformación. Quizá era aquél el significado de la luz blanca a la que Ruth se reintegraba: la devolución a la totalidad. (….)porque la vida de Ruth se acabaría, pero no así la energía del planeta, del sistema, del universo, del que Ruth había surgido. Desaparecida Ruth, sus átomos se reintegrarían al sistema y se recombinarían, eso era todo. Tanto y tan poco, En ese sentido, la muerte no existe: el Todo está vivo”.

Lucía Etxebarria: “De todo lo visible y lo invisible”. Ed Espasa Calpe, 2006, pág 497-498.

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