En mi exposición les mostré una imagen de una escultura de cristal que existe y está en un museo alemán. En ella podían ver cómo se parecen (en una fotografía de esas que reflejan las similitudes y diferencias)estas dos partes de nuestro cuerpo. Si ya los antiguos antiguos galenos situaban en el estómago el segundo cerebro, se me ocurre pensar que si además son iguales, más o menos, pues... curando la mente, cerebro, también curará el estómago, en nuestro caso la enfermedad celíaca.
Era una forma de entrar a relacionar lo que pienso con lo que siento.
Y fué muy bien, se rompió el hielo, la gente se relajó y se entregó a escuchar la charla. No era un discurso médico sobre la enfermedad. Era hablar de ellos ante la enfermedad, ante lo que sienten y vivencian.Era hablar de conocerse.
Estuve muy feliz. Fué un poco mágico porque de repente, yo también había olvidado que tras la charla también debía ocuparme de una cosa nueva, nueva y que podía asustarme. Nos concentramos en la exposición y hubo calurosos aplausos. Sin inflar el ego pero eso siempre es agradable.
Había aquietado bien y este sábado funcionó de maravilla.
Cómo para seguir inténtandolo cada día más.
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