
Hoy asistí al incicio de un sueño.
Pol y sus compañeros de clase de guitarra daban su"concierto de final de curso". Estaban preparados pero se encontraron una sorpresa agradable. Actuaron para un público no esperado por ellos. No estaban sólo los familiares invitados. Se abrió a todo aquel que quisiera oirlos. Les montaron el tinglado en el bar del bello recinto Orlandai y allí había desconocidos.
Salieron bien de la experiencia.
Yo pensé que con ese fondo de escenario, azul como el cielo, era díficil no sentirse feliz.
Para Pol, durante 9 años ese espacio fue su escuela. Los tiempos cambian, ahora es una casa de cultura del barrio que realiza distintas actividades. La música no podía faltar.
Les deseo lo mejor.
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