Esta maravilla se abrió por la noche del día 20.
Mientras en otro lugar sucedían otras cosas.
Y a las 48 horas cambió, se transformó.
Surgidos en el cretácico, son los árboles con flor más antiguos. Aunque han transcurrido unos 100 millones de años desde su aparición, apenas han cambiado. Las 125 especies conocidas proceden de Asia y Norteamérica.
Son árboles muy resistentes, de porte abierto, corteza gris, hojas ovaladas, flores grandes de perfume acidulado y frutos cilíndricos. La mayoría son caducifolios y florecen ahora. Algunos tardan varios años en dar las primeras flores, pero todos se vuelven más floríferos con la edad.
En Europa, donde no existen magnolias silvestres, el hábitat natural de estos árboles prehistóricos es el jardín. En 1789 llegaron a Kew, en Londres, varios ejemplares importados de China. Eran plantas desconocidas a las que se dio el nombre del naturalista francés Pierre Magnol. Eran M. liliiflora, de flores rojizas apreciadas por su eficacia como analgésico, y M. denudata, asociada al yin, el principio femenino de la naturaleza. Valoradas por su extraordinaria longevidad y exotismo, las magnolias se multiplicaron por parques y jardines, de la Malmaison a Caserta, a lo largo del siglo XIX. En 1820, un oficial retirado del ejército de Napoleón, Étienne Soulange-Bodin, tuvo la feliz idea de cruzar M. denudata y M. liliiflora. Así nació M. x soulangeana, un pequeño árbol de vocación urbana, inmune como el resto de las magnolias a la contaminación.
En España hay dos buenas colecciones de magnolias, la del Real Jardín Botánico de Madrid y la del Jardín Botánico de Iturrarán, en Guipúzcoa. Admirables son también los ejemplares del pazo de Mariñán, en La Coruña. El muestrario más completo de Europa está en Gran Bretaña. En Windsor, Savill and Valley Gardens alberga 34 especies y más de 300 variedades.
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