jueves, 12 de junio de 2008

Portapuertaporte

La actividad de arteterapia da frutos. Me he atrevido a pintar en un tamaño de lienzo grande. Me he atrevido a intentar dibujar lo que imaginaba y no sólamente a dejar bonitas manchas de color sobre el papel. Me he atrevido a dejarme llevar.
Y estoy satisfecha. Tengo este esbozo de lo que imaginaba, cualquier parecido con mi idea no es pura casualidad. Se parece.
Me ha gustado la experiencia porque además me ha hecho pensar en la palabra puerta y ahí me ha dado por disertar un poquito. No dejo de ser quién soy, me gustan las palabras pictóricas.



¿Cuántas veces decimos, se nos abre una puerta, se nos cierra una puerta, tengo una puerta delante...?
¿Cuántas veces está más asociada a una idea negativa igual a impedimento, a una dificultad por atravesar, a darte de narices, con el consiguiente dolor?
¿Cuántas veces no creemos que se acabó todo porque nos topamos con ella, con la puerta?

Pero sin embargo la experiencia real, física, la vivída, la que podemos contar que hemos experienciado y no sólo pensado, nos dice lo contrario.
Cuando atravesamos un momento de crísis, sea positiva o negativa, la puerta es la salida de lo doloroso, la salida del mal momento, la salida del malestar.
Cuando atravesamos un momento de vacio, ya sea para llenarlo o para llorarlo, la puerta es la salida del mismo para encontrar un contenido.

Cuando creemos haber llegado al límite de nuestras fuerzas las puertas nos asustan y no obstante es una imagen visual que insiste , insiste, insiste en aparecer en la mente, en el lenguaje, en la expresión artística.
Las puertas son para atravesarlas, no son ni buenas ni malas. No tiene objeto temerlas. Es un momento de paso, no una realidad. Es un tiempo, no un objeto material.
La puerta es pasar, pasar a lo desconocido. Pasar adelante. Abrid una puerta a la vida. Ésta está llena de vida.
No hay puertas o hay todas las puertas del mundo abiertas a una ilusión por vivir.

No hay comentarios: