domingo, 14 de junio de 2009

Trabajar de psicoterapeuta, ¿un privilegio?

En algún momento de mi vida decidí acompañar y ayudar a personas en su búsqueda personal del equilibrio psíquico. Esa búsqueda de algo más que yo no sabía entonces era también mi búsqueda: tratar de descubrir quién sómos. Y esa pregunta sólo nos la formulamos de verdad cuando se nos rompe la armonía.
A lo largo de estos años he compartido los problemas de mis pacientes. Muy pronto me dí cuenta que no podía estar como una sólida e invulnerable estatua a la que le hablan de algo alejado y ajeno. El dolor de mis pacientes se encontraba con el mío.
Ha habido personas que supuestamente venían a mi consulta buscando soluciones. Pero buscaban además algo de claridad que les llevara a avanzar hacia otra manera de ser.Ya no iban a ser los mismos, pero ¿quiénes eran entonces?
Aquel que se levanta tras una caída o que vuelve a intentar cambiar y lucha por ello es más grande que el que no lo hace. Es más persona libre.
Reconozco que cuando a lo largo de nuestra vida atravesamos episodios de dolor y de
perturbación, buscamos allí donde nunca hemos mirado. Entonces abrimos
nuestra mente y nuestro corazón,intuimos que hay algo más y eso tiene que ver con
la bondad, la verdad y la belleza.
En los momentos que aprieta el dolor, lo extraordinario se aproxima veloz a nuestras vidas. Sentimos más y ese más es diferente. Son momentos cargados de Vida.
Como terapeuta cuidar a mis pacientes requería cuidarme a mi misma. Lo que en todo caso uno hace es ofrecer un espacio de comunicación y consciencia y la cura viene por añadidura.
Un nivel de conciencia más alto y profundo está pujando por nacer.

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