Las manchas de colores (el test de Rorschach también tiene)me han acompañado también de mayor y en la formación de psicología. Cuando acabas de cursar los tres años de estudio de este test... sí, sí, es el único test que necesita una formación especial y exclusiva, propia, que claro, no se estudia en la universidad, pues... que entonces sólo puedes pasarlo y corregirlo. Falta un paso que es hacer una investigación de campo. Has de pasar el test a muchas personas, plantear hipótesis, demostrarlas en el test... en fín todo un curro.
Pero el test de Rorschach me enamoró, daba tanta información. Era tan agradable pasarlo, dejaba tanta libertad al paciente, me era a mí "familiar", el paciente era él cuando superaba el absurdo "unas manchas van a decir cosas de mi?" y se dejaba llevar.
Ahora veo que no me costó esfuerzo pasar un montonazo de Rorschachs a pacientes con sintomatología de disfunción eréctil. Todos hombres, está claro.
Que el observador influye en lo observado es cosa sabida. ¿Cómo iba a influir una mujer en sus respuestas? Inhibiéndolas.
Pues... todos mis pacientes realizaron protocolos largos con muchas respuestas. Eso provocó algunos cambios, en la investigación y en los esquemas adquiridos.
Hoy ha venido a mí este recuerdo.
Con mis cambios y mis "peculiaridades" en la aceptación de mi idiosincracia.
domingo, 20 de diciembre de 2009
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